Es como conocernos
viernes 22 de mayo de 2009 | 1:37
Es como cuando vas al banco a cambiar tres billetes por doscientas monedas pequeñas y al salir por la puerta aparece un mago que te dice: "¿me dejas hacer un truco con la bolsa de calderilla que llevas en la mano?" Y tú respondes que bueno, que vale, y el mago agarra la bolsa, la abre delante de tus narices y te pide que cojas una moneda. Y tú coges una cualquiera. Luego el mago te da un rotulador y te pide que la marques. Y la marcas con una cruz. El mago no te ha dicho que dibujes una cruz pero una cruz es lo único que te sale en un día como éste, que te pesa, que te asfixia, porque cuesta respirar cuando llevas cargando con el mes de mayo desde octubre y ya no distingues lo jodidamente real de lo realmente jodido.
Y le devuelves el rotulador al mago y de repente la calle se llena de gente, peatones que se detienen en la mismísima puerta del banco para ver el truco. Y aparece un tipo con una mesa plegable que el mago solicita para extender todas las monedas que quedan en la bolsa, todas menos la que tú has marcado porque el mago te ha dicho: “mantén la moneda en tu mano, ciérrala y aprieta fuerte”, y tú aprietas fuerte. Y mientras el mago ordena las monedas sobre la mesa para que ninguna se monte encima de otra, crece el grupo de gente que se agolpa entre vosotros dos. Y aparece una chica con un pañuelo precioso que el mago pide prestado para vendarse los ojos. Y a ti te dice que pongas la moneda en la mesa, con la marca hacia abajo. “Y muévelas para que quede bien mezclada con las demás”.
Y en realidad el truco es tan predecible que la gente ya se huele el siguiente paso: “ahora va a adivinar cuál es la del chico”. Y efectivamente el mago se coloca con los ojos vendados delante de la mesa, pasa la mano por encima y roza el mar de monedas con la punta de los dedos para terminar agarrando una y levantarla a los ojos del público. “¿Y es ésta tu moneda?", te dice, y tú te acercas para reconocer la moneda que marcaste. Y dices que sí
Y aplaude el público haciéndose sentir a partes iguales el entusiasmo de los que valoran el mérito por haber sido encontrado el objeto marcado, la indiferencia de los que piensan que el numerito no ha sido para tanto, y la voz de un tío que a todos agua la fiesta diciendo “eso es un truco de manual, por dios, el mago sólo ha tenido que buscar la moneda que estaba a diferente temperatura”, creándose el descontento generalizado, un “ya tuvo que venir el listo a cargarse la magia” y un improvisado debate que tú no te quedas a escuchar porque, en cuanto puedes, coges todas las monedas y te vienes a casa.
Y para los dos estoy yo cocinando cuando te veo entrar por la puerta, sonriente, otra vez contento, otra vez huracán. Rebosante de entusiasmo me dices: “cariño, te voy a hacer un truco de puta madre”. Y yo te digo: ”venga”. Y remuevo el sofrito de ajo y cebolla mientras tú vas al escritorio a por un rotulador. Y cuando vuelves a la cocina me ofreces la bolsa de monedas diciendo: “esto va de adivinar la moneda marcada, así que coge una cualquiera”. Y yo cojo una cualquiera. Y luego pones el resto de las monedas sobre la mesa en la que yo acabo de trocear las verduras. Y dices: "ahora márcala con el dibujo que te dé la gana".
Y cojo el rotulador de tus manos. Y me dispongo a poner mi marca cuando descubro que en la moneda ya hay una preciosa cruz dibujada. “Pero esta moneda está marcada”, te digo. Y "no puede ser", me dices. Y te giras sorprendido, y te quedas callado contemplando la moneda, con la boca abierta y la mirada impresionada. Y en silencio pasamos el rato hasta que finalmente yo reacciono exclamando: “madre mía, no me digas que el truco es que yo saco la moneda marcada de la bolsa”. Y tú te dejas caer en la silla asintiendo vagamente: “sí, era eso”. Y entonces el impresionado soy yo, que me pongo como loco y no paro de preguntarte: “pero, ¿cómo lo has hecho?”, y tú me dices que es un secreto, y te ríes, y yo te digo que tenías razón porque es un truco de puta madre, y tú me dices que algunos fenómenos no necesitan truco, y yo te digo que es como encontrar una aguja en un pajar, y tú me dices que es como magia, y yo te digo que es como tener toda la suerte del mundo, y tú respondes que es como el titulo de esto que estamos escribiendo.
Isla de sábanas rojas
miércoles 13 de mayo de 2009 | 4:32